jueves, 13 de diciembre de 2007

Los Amhara de Etiopía

Este es un artículo de la revista "Pueblos del Mundo" publicado por la editorial Salvat en la década del 80'.


Los Amhara son un pueblo fuerte, orgulloso y hábil que llegó hace miles de años a Etiopía (o Abisinia, como se le llamaba antes). Asumieron el papel de colonizadores y dominaron completamente a las tribus cercanas adoptando de aquéllas algunas tradiciones que aún perduran. Su dominación continúa en la actualidad.

El Emperador Haile Selassie, que pertenecía a una dinastía amharica, sostenía que su linaje se remontaba a más de 3000 años y que descendía en línea directa de Salomón y de la Reina de Saba. Aunque los cinco millones de amhara no representan más de un 22% sobre el total de la población etíope, las clases aristocráticas, los reyes y los nobles, los sacerdotes y los oficiales militares, provienen de ellos.

Las diversas generaciones del pueblo amhara han mantenido en común la fe cristiano-copta, una peculiar concepción del sentido del honor y un modo de vida organizado jerárquicamente. Estos rasgos tradicionales apenas han cambiado desde la época feudal de la sociedad amharica la cual estaba estructurada en varias clases; los campesinos, el clero y la nobleza. Su organización social ha sobrevivido a través de los tiempos, no porque las divisiones fueran extremadamente rígidas sino más bien por todo lo contrario. Había unas condiciones concretas que permitían una gran movilidad social.

Un campesino podía convertirse en señor o un agricultor llegar a ser un terrateniente, meramente por la acumulación de propiedad y el apoyo de la comunidad. Un hombre pobre podía entrar en la iglesia y llegar a ser obispo o ir a la guerra con su señor y recibir grandes premios por sus servicios. Tanto el poder como el prestigio se ganaban más por mérito propio que por herencia. La sociedad era estable ya que las diferentes posiciones que se podía ocupar en ella estaban bien definidas y, por lo menos en teoría, todo el mundo podía optar a los puestos más importantes.

La sociedad amhara ha perdurado en el mundo moderno. Pero una nueva clase dominante, la elite educada en Occidente, ha cambiado las condiciones del progreso. Las guerras son menos frecuentes y las fuerzas militares modernas ofrecen relativamente pocas oportunidades para la gloria. El desarrollo agrícola e industrial cierra el horizonte a los agricultores. Una parte considerable de la comunidad dedica la mayoría de su tiempo libre al culto.

Muchas granjas y aldeas aisladas quedan a menudo bloqueadas, especialmente en el periodo de las lluvias. Entonces la casa se convierte en una parroquia en miniatura. Todas las características que unifican y dan forma jerárquica a la vida de los amhara se encuentran en el microcosmos de la vida doméstica del pueblo. Generalmente la casa está constituida por una familia con padres e hijos, pero incluso las familias más pobres admiten en sus casas a otros parientes, servidumbre o criados, que a menudo provienen de pueblos vasallos tales como los guaje y los negros shankalla.

Como la sociedad amhara está estructurada de acuerdo aun régimen social muy tradicional, el padre es el responsable del bienestar y del comportamiento de todos los miembros de su casa. Todo el mundo le respeta y se le considera más como patrono-protector que como un pariente. Esta relación de subordinado y patrón impregna toda la sociedad amhara. Cualquier hombre puede ser el patrono-protector de alguien más pobre que él o el subordinado-protegido de uno más rico. Algunas veces puede ser ambas cosas a la vez. Este tipo de relaciones se extienden desde el más humilde de los agricultores campesinos hasta el más importante de los señores, e incluso llegaban antes hasta el emperador, formando una intrincada maraña. Todo el mundo se encuentra en una posición subordinada respecto de alguien o, al contrario, tiene una serie de gente inferior a él, bajo su dependencia más o menos directa. En este tipo de sociedad es más interesante intentar escalar puestos en la escala social, utilizando este tipo de relaciones, que mantener amistades con iguales, que pueden ser muy agradables pero también infructuosas.

La vida es dura y precaria para la mayoría de agricultores amhara. Pocos logran producir más de lo que sus familias necesitan y sólo los que tienen derechos hereditarios sobre la tierra (rist) pueden llegar a obtener un excedente para trocarlo o venderlo en los mercados. Muchos agricultores no tienen siquiera la tierra necesaria para cubrir sus propias necesidades. Trabajan como arrendatarios o aparceros para terratenientes más ricos, dando a cambio, como renta, una parte de lo que producen. En las regiones bajas, más calurosas, los agricultores pueden recoger dos cosechas al año. Pero en las frías regiones montañosas el suelo es más pobre, está excesivamente trabajado y se ha agotado después de una utilización intensiva a través de generaciones.

A lo largo de toda la región de Amhara los agricultores cultivan campos de trigo, cebada, maíz y tef – un cereal con un gran contenido en proteínas y hierro- pero pocos poseen su propio ganado o sus mulos. A menudo, toman prestados bueyes a los vecinos más ricos para poder arar sus tierras. Si quieren trasladarse de un lugar a otro deben hacerlo a pie. Su régimen de comidas es sencillo y apenas varía: pan fermentado o injera y estofados con pimientos rojos y verduras. La vida de sus mujeres no es menos dura. Trabajan todo el día preparando la comida para sus esposos e hijos y, a menudo, echan una mano en las tareas del campo. Las hijas no ayudan a sus madres hasta que llegan a los 7 años, pero después de haberlos cumplido deben trabajar en la casa mientras que sus hermanos se encargan de vigilar el ganado.

Es la vida religiosa lo que une a estas pequeñas y dispersas comunidades rurales, de la misma manera que une y da forma a la nación en general. La parroquia, organizada alrededor de la iglesia local, es un elemento social fundamental. Los sacerdotes viven entre la gente y comparten las dificultades de sus feligreses. Muchos de ellos están casados y trabajan la tierra con los demás En el marco de una agricultura de mera subsistencia se pueden distinguir diversos estamentos sociales. Las costumbres tradicionales tienen gran importancia en lo que se refiere a la edad y al sexo. Las mujeres deben respetar siempre a sus maridos, padres y mayores. Solo las mujeres ricas y nobles están libres de esta cadena de servidumbres. Actualmente en las ciudades hay bastantes mujeres que se han independizado económicamente trabajando en negocios comerciales- actividad que los hombres consideraban despreciable- e incluso tienen empleados masculinos. Este puede ser un indicio de que el antiguo orden social empieza a romperse.

Ante Dios todos los hombres son iguales. Un humilde sacerdote es más poderoso que un gran señor. Sólo el emperador puede pretender estar más cerca de Dios y ser por lo tanto superior a un sacerdote. La religión tiene un efecto nivelador sobre toda la nación; pero al mismo tiempo sirve de base para crear nuevos grupos sociales. En las fiestas locales las hermandades y comunidades religiosas llamadas mahabar se reúnen para venerar a su santo patrón. El pueblo acude a misa con ocasión de las fiestas religiosas y nacionales más importantes. Se celebran con gran solemnidad las fiestas de Pascua (Farika), del hallazgo de la verdadera cruz (masquel) y de la epifanía (timket). Pero no sólo hay ceremonias religiosas, sino que también se celebran frecuentes encuentros deportivos, bailes y otras fiestas. Tienen 160 días al año de ayuno, lo que contribuye a reforzar la austeridad de su vida cotidiana.

Entre los amhara el matrimonio no es la conclusión de un amor romántico sino una institución más, que fundamenta el orden y la jerarquía social. Las alianzas entre familias se hacen casando a los hijos- los muchachos a los 18 años o mayores y las muchachas a los 12 o 13. Para salvaguardar los derechos de la mujer, los matrimonios van generalmente acompañados por un intercambio, de ganado y otros bienes, entre las dos familias. Es costumbre hacer dos festejos con ocasión de una boda, uno en casa del novio y otro en la de la novia.

A la muerte de una persona sigue un largo periodo de luto- a veces hasta 40 días- durante el cual los parientes próximos visten de negro y se afeitan la cabeza. Terminado el luto, los amhara organizan un banquete en honor del difunto acompañado por otras celebraciones. Hay gente que pasa toda su vida adulta llorando la muerte de este o aquel pariente. Los funerales suelen dar ocasión para reunirse con familiares o con conocidos. Todas estas ceremonias y costumbres ancestrales llenan y han llenado la vida cotidiana de los amhara a lo largo de la historia.

1 comentario:

Marianela RastaGirl dijo...

Muy interesante justo tengo que realizar un trabajo sobre alguna cultura que me interese y en la búsqueda me encontré con esta...
Me parece interesante el problema sera encontrar mas información..Gracias por postear el informe! Bendiciones