fragmento obtenido y traducido del libro
"The Kebra Negast, The Lost Bible of Rastafarian, Faith and Wisdom from Ethiopia and Jamaica"
Terah, quien vivió ocho generaciones después de Sem tenía un hijo llamado Abram, en el cumpleaños doce del niño lo mandó a vender ídolos.
Abram dijo a su padre: “Estos no darán salvación”. Tomó los ídolos, como fue dicho, pero no hizo ningún esfuerzo por venderlos, y a aquellos que preguntaban por ellos les decía: “¿desea comprar ídolos artificiales hechos de madera, piedra y bronce?”
Cuando la gente escuchaba esto miraba a los ídolos con desprecio. Volviendo a casa, Abram puso a los ídolos en el camino y les habló: “¿Me pueden entregar pan para comer, o agua para beber?”-ninguno de los ídolos le respondió.
Entonces él los desafió con sus pies, pateando el rostro de uno y quebrando el cuerpo de otro, hasta que quedaron todos en pedazos junto al camino, y les dijo: “Si no pueden defenderse ustedes mismos del daño, ¿cómo me pueden defender?”
Abram miró al cielo y gritó: “OH, creador del universo; creador del sol, de la luna, del mar y la tierra; creador de lo que se ve y lo que no, desde este día en adelante me pondré bajo Tu cuidado”.
Después de haber dicho esto, él vio una carroza de fuego venir y estuvo temeroso, cayó al suelo y se cubrió los ojos. Entonces escuchó una voz que le decía: “Deja tu miedo y párate”.
Entonces el Padre le quitó el miedo y puso Su bendición sobre Abram y dijo que ahora había un pacto entre ellos: “traeré el Tarbenaculo de mi pacto siete generaciones después de ti y tu semilla será la salvación de la raza”. Luego el Padre habló contra los parientes de Abram, diciendo que ellos eran alabadores de ídolos, y le dijo a Abram que dejara la tierra de sus padres y que fuera a una nueva tierra la cual El le mostraría.
Así Abram fue a la casa de su padre y tomó a su esposa, Sara, y siguieron adelante y no retornaron ni a su padre ni a su madre ni a la tierra de su parentela. Sino que fueron a la ciudad de Salem y allí reinaron con rectitud, y el padre los bendijo en gran manera llegando a morir como un hombre honorable con un gran reino en su posesión.